La imagen que mejor retrata la guerra o violencia política de Colombia, que se inició en 1946 y dejó en su primera etapa 190.000 muertos, es una de los soldados “Chulavitas” o conservadores, jugando fútbol con la cabeza de rivales políticos a los que habían asesinado. Esa imagen revivió cuando Abelardo De La Espriella pasó de Presidente a sepulturero de Colombia.

Porque hasta hoy no hay nada más denigrante en Colombia que una imagen de Abelardo De La Espriella desfilando, cual reina de belleza, entre los cuerpos de varios guerrilleros muertos.

Así, con un acto que refleja su sentido del poder y su desconexión con la decencia, De La Espriella pasó de Presidente de Colombia a sepulturero de un país que lleva 80 años viviendo una y otra guerras sucesivas y en la cual se pasó de militares Chulavitas a un mini soldado con radio militar en la mano.

Obviamente que la imagen de cuando Abelardo De La Espriella pasó de Presidente a sepulturero de Colombia generó miles de reacciones de colombianos que ante el desastre del corrupto mandato de Gustavo Petro buscaban elegir a alguien que salvara al país y no a un sicópata:

Abelardo De La Espriella pasó de Presidente a sepulturero de Colombia y nada lo define mejor que este texto:

O quizá en realidad es un ser sin escrúpulos y sin el más mínimo sentido de humanidad, dicen otros en sus críticas:

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