Reconocerlas y no hacerlas invisibles es el pedido central de la carta de las víctimas de la violencia en Colombia al presidente Abelardo De La Espriella donde le proponen, además, generar estrategias para que no se repitan las agresiones que vivieron.

Desde la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, las víctimas de la violencia en Colombia hacen un recorrido de lo que fue visitar el país, sus pueblos y comunidades hasta llegar a a la cifra de unos 10 millones de colombianos que fueron, en mayor o menor grado, afectados por ciclos de violencia continua por actores ideológicos o políticos.

Esta es la carta de las víctimas de la violencia en Colombia al gobierno que apenas se posesiona:

Señor Presidente Abelardo de la Espriella: Escuche a las víctimas

Le escribimos estas palabras como una carta abierta que nace desde la memoria de un país que ha sufrido demasiado y quiere, con todas sus fuerzas, sanar y ser un país reconciliado y en paz.

Hace algunos años, Colombia emprendió uno de los ejercicios más importantes de su historia reciente: la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad. Su mandato fue escuchar a las víctimas, esclarecer las causas y los impactos de la guerra, reconocer las responsabilidades, dignificar a quienes padecieron la violencia y, especialmente, proponer caminos para que esta no volviera a repetirse.

Durante casi cuatro años recorrimos el país. Escuchamos miles de testimonios de víctimas de todos los grupos armados. Llegamos a territorios, dentro y fuera de Colombia, donde durante décadas el Estado había estado ausente y escuchamos a quienes habían tenido que guardar silencio para sobrevivir.

Lo que encontramos fue una Colombia profundamente herida con mas de 10 millones de víctimas. Está herida en las familias que perdieron a sus seres queridos. En quienes fueron desplazados de sus tierras. En los niños y niñas que fueron reclutados. En las mujeres víctimas de violencia sexual. En los pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes cuyas vidas y territorios fueron devastados.

Está herida en los campesinos que tuvieron que abandonar sus parcelas, en los líderes asesinados, en quienes todavía buscan a sus desaparecidos y en quienes aprendieron a vivir con el miedo. Está herida en las familias de empresarios que fueron secuestrados y que tuvieron que huir del país prometiéndose olvidar. En los pueblos masacrados y arrasados. En las familias de la Fuerza Pública cuyos soldados fueron cruelmente mutilados, asesinados, secuestrados. También en los jóvenes que fueron ejecutados en falsos combates.  En los jueces, periodistas, maestros y maestras que hicieron honor al sentido profundo de lo que significa el servicio publico y por eso fueron perseguidos, asesinados, obligadas al exilio. Finalmente, no fueron 10 millones de personas. Es la nación la que está herida.

Quizás usted se pregunte ¿Dónde están? ¿Dónde puede verles? ¿Dónde puede escucharles?

Están en las ciudades a las que llegaron después del desplazamiento. Están en los campos que todavía esperan una vida digna. Están en las comunidades que siguen reclamando sus tierras. Están en las familias que aún esperan verdad y justicia ante la JEP. Están en la Unidad de Búsqueda esperando saber que ha pasado con sus seres queridos dados por desaparecidos. Están también en lugares donde la guerra no ha terminado y por el contrario, han visto resurgir nuevas violencias.

No son una cifra. No son un capítulo cerrado de nuestra historia. Son ciudadanos y ciudadanas que llevan en sus vidas las huellas de una guerra que comprometió a toda la sociedad colombiana.

Por eso queremos pedirle algo que puede parecer sencillo, pero que es fundamental. Escuche a las víctimas.  Véalas. Reconozca sus historias. Permita que sus voces sigan teniendo un lugar en la vida pública.

Señor presidente, Ellas representan la conciencia moral de Colombia. Escucharlas no debilita a la Nación; por el contrario, es la condición indispensable para construir un país más justo, más democrático y, finalmente, en paz, como seguramente será su deseo.

La Comisión de la Verdad buscó que pudiéramos mirar nuestra historia de frente, comprenderla, hacernos cargo de ella y, a partir de esa comprensión, cerrar sus heridas y evitar que se repitiera. Su legado pertenece a todos los colombianos. Sus hallazgos y recomendaciones no fueron escritos para favorecer a un gobierno, a un partido o a una corriente ideológica. Fueron el resultado de escuchar a una sociedad que sufrió décadas de violencia y que tiene derecho a construir otro futuro.  Esta escucha también incluyó los máximos dignatarios del estado: escuchamos 5 expresidentes (Gaviria, Samper. Pastrana, Uribe y Santos) y sus reflexiones sobre sus responsabilidades, los factores de persistencia y lo que tendríamos que hacer para parar de una vez y para todos los ciclos de violencia.

Las recomendaciones son una ruta para La No repetición. Le invitamos a conocerlas y ver en ellas caminos posibles para un país en democrático y en paz.  

Señor presidente, usted tiene ahora la responsabilidad de gobernar esta Nación. No será posible hacerlo plenamente si no reconoce esa herida. Una herida que atraviesa nuestra democracia, nuestra confianza, nuestras relaciones sociales y nuestra manera de mirarnos unos a otros.

Pasar la página, no significa olvidar. Significa reconocer el dolor, reparar en lo posible, transformar aquello que hizo posible la violencia y garantizar que las nuevas generaciones no tengan que vivirla nuevamente.

Por eso se lo decimos con respeto, pero también con firmeza:

Señor presidente reconozca a las víctimas. No las desconozca en su plan de gobierno. No permita que vuelvan a ser invisibles. Óigalas. Véalas. Ayude a sanar esta Colombia Herida.