La muerte de Germán Vargas Lleras deja a la historia de Colombia la memoria de un buen político, buen contertulio y un claro ideólogo de lo “que necesitaba el país”  pero también la de un ser humano con un “geniecito” que lo hizo famoso.

Además del famoso “coscorrón” a su escolta Ariel Ahumada, en el año 2016 en un evento público, en Antioquia se le recuerda por dos hechos poco amistosos con los periodistas.

Uno cuando se “encerró” en un pasillo contiguo a un salón donde debía intervenir durante su campaña al congreso y otra cuando le respondió muy fuerte a una periodista, en ese «tonito» de voz alta que le gustaba usar.

En el primero de los casos. El candidato estaba retrasado en su intervención y los periodistas y camarógrafos lo encontraron en un pasillo alterno al salón “fumando” lo que llevó a que les gritara que ellos no debían estar allí y menos grabándolo, tras lo cual muy “amablemente” la seguridad desalojó a los comunicadores del evento.

En lo segundo, una periodista le preguntó cuál sería su agenda por Medellín (seguramente con la intención de acompañarlo y grabar varios de sus actos) a lo cual “amablemente” le respondió que ¡él no tenía por qué darle la agenda de sus recorridos!!!

¿El “geniecito” mató Germán Vargas Lleras?

Además, amigos cercanos contaron cual podría haber sido la causa de un tumor que lo afectó en la cabeza y que habría llevado que lo operaran en Houston, Estados Unidos, tratamiento que durante 3 meses del año pasado buscó salvarle la vida.

Según ellos, tras su separación y ya con nueva compañera sentimental, fue invitado por su anterior pareja y su nuevo novio a compartir en una playa de Centroamérica,  «los 4 como seres humanos civilizados”.

Allí, y con el “geniecito” alborotado, discutió y se cayó golpeándose con el borde de una lancha.

En medio de su “geniecito” decidió que el golpe en la cabeza no valía la pena y que no iría al médico. Trauma que meses después “crecería” internamente y llevaría a su desmayo durante un acto público en Bucaramanga, el cual requirió atención médica y hospitalización de un día y cuyo origen fue considerado en ese momento por los galenos como “responsabilidad de una lesión estructural antigua benigna…”

Pues ni tan “benigna” porque el tumor creció y necesitó de varias cirugías neurológicas en Houston, que buscaban ayudarle a recuperar el habla y el “manejo” de sus capacidades motoras y de “relación con los demás”.

Poco a poco ese tumor, y luego un quiste hepático que le apareció, acabaron con su vida, que incluso algunos consideran se “prolongó” por la “fuerza para vivir” que le dio su nieto, Agustín, quien nació en marzo de 2025.

Buen Viaje Germán Vargas Lleras y por allá, ¡tómela suave!

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