El exministro de Hacienda José Manuel Restrepo, quien ocupó ese cargo durante el mandato de Iván Duque, renunció a la rectoría de la Universidad EIA y asumirá inmediatamente ser fórmula vicepresidencial de Abelardo De la Espriella.
Al aceptar esa aspiración política, José Manuel Restrepo señala que “…en un caso como el mío que tanto ha recibido del país, el llamado no es a nada distrito que a “gastarse el liderazgo”. O mejor aún a “invertir” todo ese liderazgo que puedo tener y apostarlo por Colombia, porque la patria siempre será después de Dios y mi familia, lo primero en mi vida…”
Ser rector de un centro académico no es nuevo para José Manuel Restrepo quien desempeñó igual cargo en el Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA), y de la Universidad del Rosario.
¿Desde cuándo José Manuel Restrepo era rector?
Desde octubre del año 2022 era rector de la Universidad EIA y ahora José Manuel Restrepo llega a la aspiración presidencial de Abelardo de la Espriella, que tendrá su primera prueba de fuego en las elecciones del domingo 31 de mayo de este año.
Esta es su carta de renuncia:
“Quiero iniciar estas letras expresando mi más profundo sentimiento de gratitud. Gratitud a la Universidad EIA, a su comunidad y a Antioquia. Esta institución es uno de los legados más valiosos y queridos de la región para Colombia: una universidad que ha formado talento con rigor científico, carácter humano y compromiso con el país. Una institución que ha sido trascendental en construir conocimiento, cultura, ciencia y profesionales sobresalientes. ¿Cómo no agradecer la actitud siempre de cariño y aprecio que recibí de mis estudiantes y profesores? ¿Cómo olvidar los saludos en los corredores, la interacción diaria con ustedes, sus mensajes y detalles? ¿Cómo no agradecer tan buenos momentos de aprendizaje con egresados, administrativos y padres de familia? ¿Cómo no valorar el apoyo irrestricto que siempre tuve del Consejo Superior, de sus directivas y de la Sala de Dirección General en el Plan de desarrollo que construimos juntos? Nunca me imaginé recibir tanta hospitalidad y amor de la comunidad antioqueña a mi llegada a una tierra que, siendo ajena a mi vida reciente, siempre la he sentido como la tierra de mis ancestros y por la que siento una profunda admiración.
La Universidad EIA, ha sido mi primera experiencia laboral fuera de mi tierra natal, pero sobre todo ha sido una casa que me conquistó con un modelo de “ser” como esencia, de “saber” como compromiso y de “servir” como propósito superior. Hoy soy un EIA o Escuelero más, que se siente orgulloso de su institución porque ésta por esencia conserva en su almendrón sobrada excelencia, rigor en las ciencias y la tecnología, conocimiento aplicado y pertinente en la quinta revolución industrial, dimensión global, educación personalizada y aporte al país ya la región.
Por eso expresar lo que quiero decir, me genera tristeza y nostalgia. Nunca me imaginé en este momento, tomar esta decisión, ni lo tenía planeado, pero siento que el país hoy nos llama en un momento trascendental de su historia. El país está en riesgo de afectar su democracia y sus instituciones, de saltar al vacío a un modelo económico y productivo que va en contravía de la forma como el mundo ha logrado prosperidad. Nadie niega todos nuestros desafíos y problemas estructurales, pero ellos requieren soluciones que permitan construir desde lo construido y no destruir para descubrir lo que está probado ha fracasado en la humanidad y en nuestro propio pasado.
Cuando uno percibe o anticipa ese escenario, y en un caso como el mío que tanto ha recibido del país, el llamado no es a nada distrito que a “gastarse el liderazgo”. O mejor aún a “invertir” todo ese liderazgo que puedo tener y apostarlo por Colombia, porque la patria siempre será después de Dios y mi familia, lo primero en mi vida. Alguien podrá decir que es una decisión equivocada o apresurada, para mí es la simple expresión de quien pública y privadamente siempre ha creído en que servirnos hace grandes y que “quien no vino al mundo para servir no sirve para vivir”. Y hoy me apuesto al servicio de entregarlo todo para evitar que Colombia caiga en el abismo ya construir puentes de unión con todos aquellos que crean en nuestra constitución y valores esenciales.
Actuando conforme a estas convicciones, hoy tomo la decisión respetuosa de renunciar al cargo como Rector de la Universidad EIA a partir del 11 de marzo de 2026. Como lo he insinuado en esta nota, ha sido fascinante liderar un plan de desarrollo que nos ha fortalecido en nuestra reputación y visibilidad, que nos ha permitido crecer con calidad en un escenario adverso, que nos ha llevado a diversificar fuente nuestra de ingresos ya fortalecer la relación con el entorno productivo y el mundo, que ha fortalecido la relación con egresados y mejorado nuestra infraestructura, que ha dado vigor a una nueva forma de vida universitaria, que ha fortalecido nuestras relaciones humanas y de construcción de carrera académica, que nos ha llevado más lejos en creación de conocimiento, emprendimiento e innovación, que ha permitido recoger lo que reciba de una gran universidad y seguir llevándola más lejos. Y digo nos, porque no es obra mía, es de un equipo humano a quien agradezco y respeto.
He aceptado ser fórmula Vicepresidencial del Doctor Abelardo de la Espriella, porque creo poder aportar a su proyecto político y de país en la construcción de puentes con aún quienes piensan distinto y con quienes tienen cercanía ideológica, de aportar conocimiento y experiencia en lo público, de compartir muchas vivencias y aprendizajes en el servicio de país, de aportar mis conocimientos en economía, hacienda pública, desarrollo productivo, relaciones internacionales, cultura y educación, de sumar ideas en un país que recupera la esperanza y construir sobre lo construido, incluso aun de los avances recientes. De tender puentes y construir políticas estructurales de país que acerquen a los más marginados con corazón, y me refiero a los trabajadores, los campesinos, los jóvenes, los adultos mayores, los tiernos y microempresarios, las mujeres, las personas en situación de discapacidad, las minorías étnicas, religiosas y de género, los que sufren en una Colombia dolida, que necesita más amor que odio o resentimiento. Aquellos que esperan respuestas, los que ansían integridad, ejemplos de vida y menos “camorra”. Soy una persona que aprendí en la academia, incluida la EIA, que se vale construir “unidad en la diversidad”, que debemos escuchar a todos en la construcción de política pública aún a quienes piensan distinto y que al final siempre debe primar el propósito superior de la nación.
Llevaré siempre en mi alma, mi corazón y mis recuerdos esos lindos momentos en la academia tanto en Bogotá como en Antioquia, y de Antioquia me llevo ese sabor de empresarialidad, de empuje, de hacer que las cosas pasen, de austeridad, de institucionalidad, de horizontalidad en las relaciones humanas, de pasión por el trabajo, de mérito del que se esfuerza, de visiones y apuestas de largo plazo. De tantos territorios del departamento que, en estos casi cuatro años, recorrí con apertura a aprender más de este lindo rincón de Colombia que, junto con otros de nuestra tierra, son ejemplo de biodiversidad, de multiplicidad de expresiones culturales y del mejor talento emprendedor y hospitalario posible. Siempre los llevaré en el corazón.
Le pido a Dios ya la Virgen de la Candelaria, que me acompañen en esta tarea con mi familia, y que me permita hacer todo de sí, en beneficio de mi país, hasta donde sea posible.
Como dicen nuestros ancestros “arrieros somos y en el camino nos vemos”. El camino de un mejor país y de una sociedad que no siga dividida en una u otra orilla del puente. De una sociedad que debe recorrer ese puente y con un liderazgo que construye en la diferencia, que sea capaz de ponerse de acuerdo en el valor de las libertades, de los deberes y derechos, del valor de hacer empresa, del mérito del que estudia, trabaja o hace la tarea que le corresponde, de construir un país más equitativo, menos estatizante y más próspero.
Sea cual sea el devenir de este camino, como en la “Ítaca” de Constantino Cavafis, disfrutaré cada parte de este, con sus alegrías y tristezas, logros y caídas, éxitos y fracasos, convencidos de que, independiente del resultado, siempre vale la pena apostarse por esas “Ítacas” que dan sentido a nuestra existencia ya mi particular concepto de trascendencia.»


