La Catedral Metropolitana de Medellín, dedicada a la Inmaculada Concepción, es el baño a cielo abierto más grande de la capital paisa y ahora, 151 años después de ser diseñada por Charles Émile Carré y construida entre los años 1875 a 1931, los drogadictos también se la están “metiendo” por las narices.
La denuncia es del Maestro Gustavo Álvarez Gardeazábal, @ElJodario, quien señala que poco a poco algunos de sus 1.120.000 ladrillos los están convirtiendo en polvo para disolverlos con el bazuco. Así es su escrito crítico en www.rutanoticias.co
EL BAZUKO DE LA CATEDRAL
La Metropolitana ha sido la catedral insignia de Medellin y de su catolicismo. Allí se han celebrado los actos magnos de quienes se posesionan o se despiden de este mundo. Y paisa que se respetaba tenía que dar muestra de su catolicismo pasando al menos una vez en su vida por su gigantesca mole, situada a un costado del Parque Bolivar, entre las carreras Venezuela y Ecuador, como llamaban entonces a las vías de Medellín antes de ponerles números.
Pero como la fe que imponía monseñor Builes con su báculo sectario se traspapeló tanto como la caridad cristiana que predicaba la Madre Laura por entre los caminos de herradura de las selvas de Urabá, la Metropolitana ha pasado de moda, aunque no ha dejado de ser nunca el gran monumento antioqueño.
Yo, que en mi adolescencia universitaria viví un tiempo en la casa acogedora de la tía Rosa María, en Venezuela 57 – 21, al frente de la puerta occidental de la catedral, guardo una fijación de respeto mayúsculo pese a mi absoluta falta de fe religiosa.
Por eso cuando leí en la prensa antioqueña que a las estruendosas paredes de la Metropolitana las están raspando para combinarlas con el bazuko porque actúa sobre esa droga como sustancia básica para volverla más alcalina y darle su característico olor, pensé inmediatamente en Gonzalo Arango, el gran escritor de la Antioquia hereje que para no ser olvidado por sus congéneres, fue a comulgar al altar mayor de la catedral junto con varios de sus compinches nadaístas y luego, ante los ojos ofendidos de los fieles, bramaron improperios contra los curas mientras vomitaban las hostias consagradas.
Los bazukeros de ahora no deben tener ni idea de quien fue Gonzalo Arango ni mucho menos de que por estos días está siendo vilipendiado por el fanático director del Caro y Cuervo. Lo que si saben es que fumar bazuko metropolitano bendice hasta las miadas que se pegan en sus paredes y que hacen oler a berrinche todo el rededor de la mal cuidada reliquia paisa.
Gustavo Álvarez Gardeazábal. Octubre 14 del 2026”. Escuche el audio de @ElJodario sobre La Catedral Metropolitana de Medellín y los drogadictos:

