Casi dos meses después de recibir el premio Nobel de la Paz, María Corina Machado hizo uno de los gestos más irreales posibles al entregarlo al presidente Donald Trump, un acto de lambonería que no le significó nada porque el mandatario de Estados Unidos, tras la reunión en la Casa Blanca, solo le entregó una bolsa de regalos y tampoco, al menos no públicamente, expresó ningún apoyo para que ella asuma el gobierno en Venezuela.
Desde que se conoció que María Corina Machado visitaría al presidente Donald Trump, y se le escuchó que “regalaría” el Premio, el Comité Nóbel publicó en dos ocasiones, y sin decir nombres, que un Premio Nóbel, la medalla y el diploma conmemorativos, solo le pertenecen a quien fuera declarado ganar, y a ninguna otra persona.
“Una vez que se anuncia un Premio Nóbel, no puede ser revocado, compartido o transferido a otros”, dijo el Comité y posteriormente, ante insinuaciones de que se le quitara a María Corina Machado este reconocimiento por desprenderse de él tan fácilmente, el mismo organismo señaló que bajo ninguna circunstancia le puede ser retirado al ganador.
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Según dijo en octubre de 2025 el Comité Nóbel, la líder de la oposición venezolana ganaba por “…su lucha por lograr una transición democrática en la nación sudamericana, obteniendo reconocimiento como una mujer que mantiene encendida la llama de la democracia en medio de una creciente oscuridad…Durante el último año, la Sra. Machado se ha visto obligada a vivir escondida y a pesar de las graves amenazas contra su vida, ha permanecido en el país, una decisión que ha inspirado a millones. Cuando los autoritarios toman el poder, es crucial reconocer a los valientes defensores de la libertad que se alzan y resisten”.
Cualidades que nadie, hasta el momento, le ha conocido a Donald Trump.


