“…Antioquia, Medellín son nuestra vida, nuestra madre y nuestro amor. Gracias a la vida por ser Antioqueños”, dijo el empresario Cristian Halaby al ser condecorado por el diputado Luis Peláez y la Asamblea de Antioquia.
La Asamblea Departamental de Antioquia, a petición del diputado Luis Peláez, confirió la Orden al Mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo, en Grado Plata al empresario Cristian Halaby, uno de los dirigentes que, silenciosamente, enfrentaron y denunciaron la corrupción durante la administración de Daniel Quintero Calle.
El homenaje a Cristian Halaby también fue para la comunicadora y empresaria Paula Jaramillo del Corral, otra “hormiguita” silenciosa en ese trabajo por Medellín.

Coordinando un encuentro allí, la recolección de un documento allá y el traslado a los entes de control o a los pocos periodistas y entidades que se atrevieron a divulgar lo que pasaba en la administración de Quintero, el papel de Cristian Halaby fue determinante y eso lo quiso reconocer el diputado Luis Peláez, del Partido Dignidad y Compromiso, con este homenaje que, hace rato, debería habérsele entregado al empresario.
“… Es un honor que me tocará recibirlo con @PaulaJllo, a quien tanto admiro…Nosotros estamos convencidos de que este país, esta ciudad que tanto queremos, que tanto hemos cuidado, que en esos momentos claves nos reunimos una cantidad de antioqueños, porque les digo la verdad, este homenaje lo recibimos Paula y yo, pero no es de nosotros. Es de muchos otros. Lo que pasa es que tuvimos la posibilidad de liderar y de ayudar..”, resaltó Cristian Halaby ante su familia y amigos, quienes compartían el mismo pensamiento del Diputado Peláez sobre la necesidad de rendir honores a quienes trabajaron por la ciudad y su gente mientras Quintero y sus secuaces actuaban contra ella.
¿Por qué condecoran al empresario Cristian Halaby?


Este es el discurso de Cristian Halaby al recibir la orden al mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo de la Asamblea de Antioquia y el Diputado Luis Peláez:
“Para los que no saben, pues yo soy el papá de Luca y Marco, el esposo de Rosita, y un antioqueño enamorado de esta tierra al que le va a quedar muy difícil hablar hoy. Yo tenía escritas una cantidad de cosas pero, como siempre, como le dije a Pablo ahorita más temprano, yo por lo general preparo discursos que no leo. Y no los leo porque cuando uno prepara un discurso lo hace a priori, no lo hace en el momento, no tiene el corazón ahí.
Yo, antes que todo, agradecerle a Luis. ¿Por qué? Porque efectivamente cuando nosotros hacemos las cosas, ninguno de nosotros las hace pensando, como él me lo dijo, en que nos van a condecorar, en que nos van a dar un premio. No, lo hacemos porque nos nace. Porque del corazón un día salió hacer tal cosa y ser espontáneos, y eso nos llevó a que con la disciplina cumplimos con un resultado.
Yo quiero agradecer, pues a Luis, a esta asamblea además de eso que aprobó esta condecoración, lo que quiere decir que no es un deseo solamente de él, sino que fue recibido en buena parte por los demás miembros de esta asamblea, que es una institución tan respetable. Entonces agradecerle al presidente de la asamblea aunque no esté presente y al resto de los diputados. Agradecerle a los antioqueños y agradecerle a todos ustedes los que están aquí hoy, porque aquí hay una cantidad de amigos que nos han acompañado tanto a Paula como a mí en la vida.
Y yo voy a hacer un reconocimiento especial porque lo había pensado de esta forma y es: mi cantaleta durante los últimos años ha sido que ¡qué tristeza que el 55% de los colombianos se quieran ir de Colombia! ¿Y qué es lo que uno lee todos los días? Y hay encuestas que así lo dicen. Pero los colombianos no se quieren ir por apátridas, se quieren ir simplemente porque esta tierra la han llevado a punta de leyes, de impuestos, de trabas y de cosas que no permiten que la gente cumpla algo que yo tengo en la mente desde hace días y es cumplir el sueño colombiano. No deberíamos nosotros estar esperando que la gente se vaya a cumplir el americano, el europeo, ¡no!, tenemos que trabajar por el sueño colombiano.
Y ahí voy a mis raíces. Aquí tengo a mi primo William Halaby Paloma, y allí a mi primo José Saldarriaga Halaby. Halabys los dos del mismo lado, que cuando los colombianos se han querido ir, nuestro bisabuelo por allá en el año 1800 decidió venir a Colombia cuando no había nada que venir a buscar. Donde aquí no había nada que venir a buscar y pasó por Chocó y dejó una hermosa familia, y luego pasó a Medellín y dejó otra. Vino a multiplicarse, gracias a Dios. Hoy tenemos esta fantasía de familia.
Pero lo importante es que vino para quedarse. Y cuando en este país han pasado tantas cosas, yo tengo que confesarlo y contarles, yo tuve una época de mi vida donde estuve privado de la libertad, como ha pasado con muchos en Colombia. Y cuando salí, muchos me dijeron: ‘Cristian, usted tiene que irse’. Y sí me fui, y me fui un tiempo. Pero siempre con el deseo de volver. Así de la misma forma en que lo hizo mi bisabuelo, yo dije: ‘Yo vuelvo a Colombia porque yo tengo que aportar lo que yo aprendí allá, lo que aprendí en mi vida, lo que aprendí en el colegio, lo que aprendí en la universidad y lo que aprendí secuestrado es un regalo de la vida’. Y eso hay que devolverlo sí o sí.
Luego me tocó ser empresario, Luis, porque me tocó. Así como el hermano de Paula, yo iba era a jugar fútbol. Y no me lo permitieron, pero gracias a Dios, porque eso me llevó al lugar en donde estoy hoy. Y han sido 25 años, sí, más o menos 25 años desde la muerte de mis padres, 25 años trabajando, 25 años tratando de ser en lo posible una buena persona, se me sale el malo seguramente en algún momento, y sobre todo queriendo mucho esta tierra y entendiendo que…
Y ahí hay una anécdota muy bonita. Mi papá cuando yo me iba a estudiar, yo me iba llorando y yo me montaba al avión llorando y yo me volvía cantando la canción de ‘Muy Antioqueño’, cuando aterrizaba cantaba ‘Muy Antioqueño’. Y entonces mi papá me decía: ‘Hombre, es que vos creés que el mundo es plano y que en Caldas se acaba el mundo’. Y la verdad, a mí se me acababa el mundo cuando yo me iba y me iba para el paraíso.
Entonces, hoy no tengo más que decirles a ustedes que está todo el agradecimiento. El agradecimiento por Medellín, porque Medellín me ha dado todo, me enseñó quién soy. Antioquia me volvió antioqueño hasta la muerte. Yo soy bajado del monte a cachuchazos, realmente montañero de verdad. Soy un enamorado de nuestras tradiciones y creo que nosotros no podemos guardar esas tradiciones solamente para nosotros, sino que hay que proyectarlas al mundo. Ya hoy están viniendo a verlas, pero porque nosotros nos las hemos llevado allá.
Lo otro es que también he estado en este mundo público, Luis, pero porque a eso me llevó la lucha contra el Estado, por así decirlo. Y era el acorralamiento a la empresa privada. Un día en este recinto tuvimos una discusión sobre qué era la verdadera izquierda y mi teoría es que la verdadera izquierda es Wall Street, donde verdaderamente se democratiza el pensamiento de las mejores mentes y donde todos tenemos oportunidades. Pero en Colombia muchos años se atacó al empresario y se atacó a la producción y se atacó el generar riqueza y oportunidades, y se veía eso como que fueran dos mundos. Y hasta hace muy poquito lo venimos viviendo: ricos, pobres, blancos, negros, no sé qué, separando la sociedad cuando somos uno. Y lo que tenemos que hacer es generar oportunidades y riqueza para todos.
Eso me llevó al mundo gremial. Tengo al director ejecutivo de la Cámara Ambiental del Plástico quien ha librado una batalla brutal en favor de que nosotros no podemos en la vida pasarnos decidiendo por la vida de los demás, sino que con tecnología tenemos que cambiar el mundo. Y eso lo hemos logrado. Y hemos logrado que en Colombia se mantengan alrededor de 450,000 empleos que hoy se deberían haber muerto si hubiera sido por los caprichos de los que son ambientalistas de fin de semana.
Nosotros estamos convencidos de que este país, esta ciudad que tanto queremos, que tanto hemos cuidado, que en esos momentos claves nos reunimos una cantidad de antioqueños, porque les digo la verdad, este homenaje lo recibimos Paula y yo, pero no es de nosotros. Es de muchos otros. Lo que pasa es que tuvimos la posibilidad de liderar y de ayudar. Pero siempre que nosotros sintamos que a nuestra madre la están tocando, tenemos que salir a su rescate. De la misma forma lo hemos hecho con Colombia, de la misma forma lo tenemos que seguir haciendo con Medellín, con Antioquia.
Y les quiero decir algo para cerrar: aquí conmigo lo que van a encontrar siempre es un amigo. Un amigo enamorado de este país, un amigo enamorado de los demás, una persona que más allá de lo que yo pueda querer para mí, lo que quiero es que convivamos en esta tierra que Dios nos regaló. Yo lo que quiero es decirles ¡qué orgullo, Luis, este homenaje! Pero este homenaje es un compromiso. Esto no es simplemente un regalo, esto no es algo para colgar en la oficina, esto es un compromiso. Esto no es el final, este es el principio. Aquí es donde nosotros tenemos que empezar a trabajar para que Antioquia sea de verdad esa mejor esquina de América, esa mejor propiedad raíz que existe en este continente y donde todos los antioqueños podamos relucir y sacar a relucir lo que somos. Terminar con decirles: ¡Que viva Antioquia, que viva Medellín!”


