Nadie en Castilla y Pedregal tenía un corazón tan grande para los futbolistas de esta comuna como Álvaro Molano, aunque lo del corazón grande habría que explicarlo.
Todos, todos los jugadores de Castilla y Pedregal que han pasado por el Club Nantes, o por decenas de otros clubes, le deben algo de su carrera a él.
A todos, a profesionales, semiprofesionales, aficionados o los simples “barrigones” del fin de semana, siempre se les acercó y guió. Todos, desde la A hasta la R, de René Higuita, lo sintieron como formador de jóvenes, un amigo que no tenía misterio para ayudar a los deportistas y el alma y nervio de una comunidad que se paralizaba los 31 de diciembre, cuando él convocaba a los casados y solteros, los profesionales y los aficionados para un partido de fútbol que despedía un año, recibía al siguiente y congregaba, en las tribunas, a todo un barrio en una fiesta y “sancocho” que hoy todavía nadie sabe cómo pagaba.
Curiosamente él que tenía un corazón grande para ayudar no lo tenía para jugar. A los 27 años los médicos le detectaron una falla complicada en el corazón y se convirtió, en muy pocas horas, en un paciente que necesitaba un trasplante, o se moría. El destino, que fue tan bueno con él, llegó en la forma de un órgano donado por un joven motoclista que se estrelló contra un vehículo.
Fue uno de los primeros trasplantados de corazón y en esa Medellín de los años 90, que se moría en cada esquina por las bombas de Pablo Escobar y los disparos de la Policía, y muy principalmente en Castilla y Pedregal, la sentencia del médico fue motivadora, pero preocupante.
“El cuerpo lo recibió muy bien (al nuevo corazón)….Ahí vamos con unos 10 años más de vida…”
No fue así. Este Álvaro Molano que se tomaba sus rones y cervezas, pero diariamente también tres pastillas para “mantener” el trasplante, aguantó hasta este lunes 2 de marzo, fueron 37 años con un corazón prestado, casi 4 veces la esperanza de vida que le había dado el cardiólogo.
Y ese corazón tan grande para lo social y deportivo de los jóvenes de su barrio como que presentía que había que despedirse del barrio, de sus calles …y sus comidas… “sácame a dar una vuelta, vamos a comer algo, pero en la moto”, le dijo a su hermano, su alma gemela… Un minuto, 10 minutos, una hora de dar vueltas por acá y por allá, de saludar , de mecatiar y regresar a la casa… solo para llegar a su cama y dejar que ese corazón que tenía una esperanza de vida de 10 años se parara 37 años después de su trasplante…
Si uno elige qué hacer antes de morir quizá busque recorrer cada calle del barrio donde vivió 64 años. Eso hizo Álvaro Molano y se fue feliz. Y el barrio lo entendió y lo llevó la cancha principal de la Unidad Deportiva René Higuita “…Es tu corazón una casa de puertas abiertas… Tú eres realmente el más cierto en horas inciertas…”, le cantaron.




