Es un “…libro para leerlo varias veces y exprimirle su reducido, aunque amplísimo olor visual al recuerdo del mar”, señala el maestro Gustavo Álvarez Gardeazábal, @ElJodario, sobre El Recuerdo Del Mar Me Salvó, de Isabel Uribe Giraldo:
“Qué lee Gardeazábal, EL RECUERDO DEL MAR ME SALVÓ, de Isabel Uribe Giraldo. Editó Volcán Ediciones
Nunca había oído hablar del Taller Literario El Bosque hasta que leí este pequeñísimo libro, que tiene más cara de libro infantil que de la profunda meditación filosófica que encierra en sus 32 diminutas páginas.
Tampoco sabía de su autora, que luego de averiguar por redes resultó ser una mujer casi treintañera, graduada una y otra vez. No es un pues el libro primigenio de una adolescente.
Y cuando uno se adentra en su lectura y ve la importancia comparativa que va adquiriendo la simple anécdota de una mujer que ejerce de centinela de guardia real de un país imaginado, el libro adquiere fuerza de agarre como si fuese una novela y termina por sembrar al lector contemplando al personaje. La narradora es una mujer que estudió y se preparó para ser centinela. Ella acepta el rigor que obliga a quien sea centinela del palacio real. Es desde esa única posición, viendo pasar gente y más gente a la que no puede hablarle, y apenas si puede sonreír y aceptar con movimiento de cabeza el saludo que algunos le dan, desde donde ve el mundo, revisa su cuerpo adolorido por estar siempre de pie, uniformada y con sombrero, y nos cuenta brevemente su historia de vida.
Como no puede hablar a ningún transeúnte, mira a una sola ventana del edificio del frente, donde otra mujer permanece todo el día sentado frente a un escritorio, pero se puede levantar de vez en cuando y hace pensar que tiene dolores musculares por la posición y la textualización que alcanza a verle.
Dolores quizás iguales a los que ella tiene en uno de los pies, pero que no puede aliviar por la rigidez de su oficio.
Es una narración segura, afinada y probablemente corregida a varias voces en el Taller, pero tiene el mérito de convertir una anécdota baladí en una estructura literaria a través del manido ejercicio del monólogo interior.
Hasta que llega un niño y trata de establecer un diálogo preguntándole si puede usar el sombrero de su uniforme. Entonces la narración se precipita a llenar con brevedad genial, con estulticia muy bien disfrazada, pero sobre todo con un infinito sabor agridulce, haciendo el acopio de circunstancias que conducen hasta encontrar un satisfactorio, aunque intempestivo final.
Un libro para leerlo varias veces y exprimirle su reducido, aunque amplísimo olor visual al recuerdo del mar.
Gustavo Alvarez Gardeazábal. El Porce, julio 18 del 2026”. Escuche el audio de @ElJodario sobre El Recuerdo Del Mar Que Me Salvó, de Isabel Uribe Giraldo:


