El columnista de El Tiempo Mauricio Vargas invita a algo que tiene toda la lógica, ignorar a Petro y concentrarse en la desastrosa herencia (de saqueos, corrupción y violencia, entre otros) que deja su gobierno.
“…Hagámonos todos un propósito: ignoremos a Petro, abstengámonos de comentar cada trino-sandez, cada trino-necedad, cada discurso pronunciado con la lengua enredada, y concentrémonos en el necesario balance del desastre que nos hereda, porque el país entero tiene derecho a conocer los detalles de la desidia y del robo del cuatrienio que acaba”, señala el ex ministro en su columna “Ignorar a Petro”, que reproducimos como aporte a la recuperación de Colombia:
“Ignorar a Petro
“Ponerle bolas a Petro sólo le sirve a él y a su maniobra distractora.
Aterrado ante el ineludible destape de la gigantesca corrupción de su mandato, el presidente saliente, Gustavo Petro, ha optado por su táctica preferida: incendiar la casa. A punta de trinos donde las alucinaciones se entremezclan con los horrores ortográficos y la falta de lógica, sindéresis y gramática, para no hablar de las descaradas falsedades que asoman, amanece un día con ganas de aferrarse a la silla presidencial como un perro a su mordido hueso, y al otro recapacita y le dice a su colega brasilero, Lula da Silva, que sí, que cómo no, que él se va de la Casa de Nariño el 6 de agosto, con 24 horas de anticipación a la asunción del nuevo mandatario, Abelardo de la Espriella.
Que Petro se comporte así tiene algo de sentido. Primero, porque ese festival de incendiarios posteos, casi siempre escritos de madrugada —no porque se esté levantando, sino porque apenas se va a acostar— es el mismo que lleva cuatro años desatando. Y segundo, porque —insisto— es su manera de desviar la atención del debate que busca con desespero esquivar: el cataclismo que deja, sometido a riguroso examen por un proceso de empalme y transición que Petro se ha dedicado a sabotear.
El sistema de salud quebrado, las finanzas públicas en la inopia por el carnaval de contratos inútiles y por el saqueo perpetrado por el petrobandidismo, los grupos criminales enseñoreados en varias regiones, las obras de infraestructura en el abandono, la vivienda social en ceros, el servicio diplomático lleno de incompetentes e ignorantes, el sistema eléctrico pendiente de un hilo, Ecopetrol —nuestra joya— en mínimos, el medio ambiente envenenado por la minería ilegal y los narcocultivos: ese es el desolador panorama que Petro quiere que no veamos.
Comprensible que él haga todo eso para escapar al examen a su desolador legado. Pero inaceptable que tantos —desde los medios e incluso desde sectores del abelardismo— le sigan el juego. ¿Qué sentido tiene multiplicar cada desquiciado trino del agónico presidente, volverlo noticia, dedicarle columnas de prensa y debates radiales y televisivos? ¿Qué lógica tiene responderle y alimentarle su megalomanía? Ponerle bolas a Petro solo les sirve a él y a su maniobra distractora, pues con esos fuegos artificiales que muchos siguen con atenta mirada se pierde el verdadero foco del debate, que no debe ser otro que su desastrosa herencia.
La opinión pública —periodistas, líderes políticos y gremiales, opinadores, influenciadores de las redes, más de medio país que todavía sigue pendiente de Petro— necesita un proceso de sanación mental para acostumbrarse a vivir sin este personaje que hace rato dejó de gobernar. Hasta líderes de centroizquierda como la congresista Cathy Juvinao lo señalan: “Petro está enfermo, ante todo, de atención. El pueblo debe ser más grande y condenarlo a la irrelevancia”.
Algunos dicen que Petro se quiere quedar. Allá él, pero ¿cómo podría? Las autoridades electorales proclamaron al nuevo presidente de la República, que arranca su mandato el 7 de agosto. Las altas cortes han rechazado todo intento de desconocer la voluntad popular. El Congreso está listo a posesionar a De la Espriella. Y las Fuerzas Armadas no solo reconocieron al nuevo mandatario, sino que le hicieron saber a Petro que no tolerarían jugarreta golpista alguna.
Hagámonos todos un propósito: ignoremos a Petro, abstengámonos de comentar cada trino-sandez, cada trino-necedad, cada discurso pronunciado con la lengua enredada, y concentrémonos en el necesario balance del desastre que nos hereda, porque el país entero tiene derecho a conocer los detalles de la desidia y del robo del cuatrienio que acaba. Dediquémonos a ayudar, en lo que a cada uno le corresponda, a recuperar a Colombia de la mala hora que ha vivido. Petro ya es pasado, y los colombianos debemos plantarnos en el presente, implementar las soluciones y trabajar por el futuro. MAURICIO VARGAS. mvargaslina@hotmail.com IG: @mvargaslinares.


