A la misma hora en que un número indeterminado de sobrevivientes gritaban por ayuda, y por sus vidas en medio de la tragedia del Chapecoense, Alveiro Valencia Tabares y Uber Cardona se enfrentaban a un bosque natural que rodeaba al Cerro Gordo, a la lluvia que había dejado el terreno casi convertido en una piscina de barro, a una tierra inhóspita que no dejaba caminar y a muchísimos árboles, cercos de alambre de púas y a la oscuridad de la medianoche de un lunes 28 de noviembre de 2016.
“…Me levanté porque decían que se había caído un avión en La Unión y la montaña más alta era esta, el Cerro Gordo, miré hacia allá y cuando vi era una cola de un avión sobre el cerro…”, dice Alveiro.
“Estaba acostando y llama la esposa de un compañero tractorista…que necesitan ayuda porque se cayó un avión…llego al hospital y dos enfermeras se suben al tractor mío y nos vamos para Cerro Gordo…pero cuando llegamos no había camino, no había trocha, puro bosque y oscuridad y una cola blanca entre los árboles más altos y muy cerca una camioneta, pitando que ayudáramos a “jalarla” porque estaba atascada y atrás llevaba a una sobreviviente…”.
Ese lunes el Chapeco venía a disputar el primer partido de la final de la Copa Sudamericana, en un vuelo programado para 4 horas y 22 minutos pero que ya sumaba 4 horas y 40 minutos y estaba a solo 5 minutos de tocar pista.
Piloto: «LaMia 2933, nivel 210 en acercamiento… solicitamos prioridad para la aproximación directa, se nos ha presentado un problema de combustible».
Controladora: «LaMia 2933, entiendo solicita prioridad para su aterrizaje igualmente por problema de combustible, ¿correcto?».
Piloto: «Afirmativo».
Alveiro Valencia Tabares y Uber Cardona, la tragedia del Chapecoense::
“…Lo que ví cuando llegué a lo alto era que el avión cayó de lado y se partió, la cola quedó como coronando el cerro y la “trompa” siguió con fuerza y cayó el otro lado del cerro…Estaba muy oscuro y solo teníamos al principio la luz de los celulares. Yo llegó al alto y escuchaba gritos…auxilio…ayúdenme…y empiezo a bajar y a oír más gritos…. Y yo gritaba más duro a los policías que se habían quedado en la cola del avión y buscaban por dónde bajar porque no había trocha…AQUÍ HAY UNOOOOO y esperaba que ellos llegaran y se metieran al bosque y lo sacaran y ahí me seguía…”
Para Uber, a quien todo el pueblo lo llama “Alevino”, y a sus tíos “los pescados”, lo importante era abrir camino… “llamamos al dueño de la tierra a un señor Jaime Cardona y le dijimos de todos esos carros atascados y antes que pudiéramos pedirle permiso de lo que necesitábamos dijo “tumben todo…tumbe todo lo que necesite, pero saque a esa gente de ahí” …eran sobrevivientes que los traían hasta la base del cerro, pero los carros se “pegaban” en la tierra y eran minutos claves para los heridos… era invierno, eso estaba muy liso”.
El rescate de Ximena Suárez, la azafata:
“Seguía bajando con la luz del celular y se oían más gritos y a cada grito yo le gritaba a los Policías, que seguían con problemas para moverse hasta que llegaron los bomberos ya con linternas muy fuertes y veíamos los heridos en árboles y otros cuerpos regados por el camino y muchos pegados al avión, amarrados por los propios cables, pero ya por ellos no se podía hacer nada… Ya no había nada que hacer…uno identificaba donde había uno y ya ellos lo amarraban a una camilla…después alcanzamos a rescatar a Ximena (Suárez la azafata) y ella decía que las maletas y el carrito de la comida la habían salvado porque como que la habían envuelto y soportaron todos los golpes…”
“Ya logramos sacar la camioneta con la sobreviviente porque le abrimos “trocha” y la “jalamos” y formamos como una base plana donde llegaban los rescatistas y bomberos…ellos debían pegarse de lazos para subir al alto de la montaña…y uno con el tractor “jalaba” el lazo y la persona subía…
Pero entre la 1 y 30 y las 2 de la mañana, la Policía ordenó a unas 200 personas que salieran de la zona, porque “ya no había más sobrevivientes” y todo paró.
“Fue raro, los de la vereda éramos los únicos que conocíamos la zona, pero nos retiramos y ellos nos dijeron que cerraban 200 metros alrededor…
“Nos retiramos, pero a las 6 de la mañana me llamaron urgente porque los bomberos y la Policía tenían sierras y cosas para subir al cerro, pero no podían llegar al avión y el helicóptero tampoco podía aterrizar…necesitaban más trocha y sacar los cuerpos que estaban al otro lado en el avión…Hicimos una fila que llevó los cables y las cadenas y “jalamos” el avión de la parte donde los árboles lo había atrapado…el fuselaje se soltó del todo y dejó caer más cuerpos.”
Tragedia del Chapecoense, las secuelas sicológicas:
“Uno no está preparado, uno no ha sido miedoso…pero si queda uno afectado. A mí no hay día en que no se me olvide…Siempre la imagen de la trompa del avión y ellos ahí esperando que los recogieran”, es la voz de Alveiro narrando cuando solo han pasado 7 horas del accidente y al fin, con la luz del día, se puede buscar la todas las víctimas y finalmente sumar 71 muertos.
“Yo no soy cobarde, yo sigo abriendo trocha hacia lo alto del bosque y camino para que los carros puedan llegar más cerca y luego me dicen que pare, que hay 8 cuerpos alrededor mío y que además el helicóptero necesita el tractor como referencia para tratar de bajar, pero no puede aterrizar por el terreno y la orden es que suban solo de a 12 cuerpos y empiezan a ponerlos alrededor…”, dice Uber.
“Durante dos meses subí al cerro, buscando y bajando todo lo que hubiera del avión, mucha ropa, cosas personales, a veces me cogía la noche y la lluvia allá y me tapaba con las latas que seguían pegadas de los árboles y eso sigue en la memoria, la noche y ellos ahí. Yo muchas veces voy, rezo”.
La misma sensación quedaba en la cabeza de Uber…”me tocó ir al psicólogo, contarle que yo me veía allá y me decía a mi mismo que estoy haciendo acá, yo como era de cobarde. Ya con la ayuda pude olvidar esa sensación de que el tractor me olía a sangre todo el día”
Casi 10 años después de la tragedia del Chapecoense, Luis Alveiro Valencia Tabares y Uber Cardona se encontraron para recordar como su ayuda permitió recuperar 71 cuerpos y ayudar a que seis personas disfrutarán su vida. Eso sí, lejos de los reflectores y de la pompa y si muy cerca de su condición de seres humanos desprovistos de egos, ambición y vanidad.


